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El buen pastor


Domingo 4º de Pascua (ciclo B)

Año litúrgico 2005 – 2006 (Ciclo B)
(Buen Pastor)

Introducción

En muchas obras de arte aparece el Buen Pastor como un ser lleno de mansedumbre y afabilidad. Y quizás sea ésta la imagen que primero nos viene a la mente cuando evocamos a Jesús como Buen Pastor. Sin embargo, el calificativo de “bueno” tiene en el nuevo testamento un significado bien distinto: indica calidad de una persona o de una cosa que responde plenamente a su función. Jesús de Nazaret cumplió a las mil maravillas la función que le había encargado el Padre de salvar a sus ovejas.

Pautas para la homilía

MUERTE Y RESURRECCIÓN DEL PASTOR. Cuando el evangelista escribió el relato del Buen Pastor, sabía muy bien hasta dónde había llegado Jesús de Nazaret en su misión de cuidar y salvar a su rebaño: hasta arriesgar y perder su vida por defender a sus ovejas de los ladrones, bandidos y extraños. Por eso es el Pastor bueno. La muerte del pastor acaba imponiéndose en el relato como una cuestión importante. Y los textos nos explican cuál fue la actitud permanente de Jesús ante la muerte: no está apegado a la vida por encima de todo, sino que su compromiso total es con Dios y con los hombres, y si esto le lleva a tener que perder la vida, él –a pesar de temer a la muerte– la acepta serena y voluntariamente. “Yo doy la vida voluntariamente”, pone el evangelista en boca de Jesús. Esta disponibilidad total para llevar la salvación a todos los hombres, hace que su vida no termine con la muerte. “Tengo poder para recuperar la vida de nuevo”, dice Jesús en este evangelio, aludiendo claramente a su resurrección.

 

QUÉ DIOS TENEMOS Y CUÁL ES SU RELACIÓN CON NOSOTROS. Muchos pueblos y muchas culturas tienen su Dios o sus dioses. El nuestro es éste: el que nos ha mostrado Jesús de Nazaret con sus palabras y sobre todo con su vida. Jesús es la manifestación humana de cómo es este Dios suyo y nuestro. La imagen del pastor nos da algunos detalles de la relación que tiene con cada uno de nosotros: es una relación personal. A cada uno nos conoce por nuestro nombre, que es como decir que nos ama y se relaciona con nosotros en nuestra individualidad. San Juan, en la carta que hemos leído hoy, llega mucho más allá: de Dios, somos hijos. ¿Qué más se puede pedir?

 

QUÉ MISIÓN NOS ENCOMIENDA. Pero si el Pastor nos llama a cada uno por nuestro nombre, las ovejas conocen al Pastor y escuchan su voz. ¿Qué dice la voz de ese Pastor? Que tiene otras ovejas a las que hay que ir a buscar. Evidentemente, para salvarlas de los enemigos. Está claro que este relato, como todos los distintos relatos sobre la resurrección, no tiene la finalidad de narrar un hecho sólo para que lo contemplemos, sino, sobre todo, para que sirva de guía al emprender una misión. ¿Cuál es o cuáles son esas misiones? Nos dice hoy la lectura de los Hechos que la misión que Pedro y Juan realizaron, una vez que llegaron al convencimiento de que Jesús, que había muerto, era un viviente, fue la de curar a un enfermo. Y lo hicieron en nombre de Jesús. “En nombre de Jesús” quiere decir “hacerlo como lo haría Jesús”. Y Jesús curó muchas dolencias en las gentes que venían a él.

 

Los relatos de hoy nos invitan, pues, a los testigos de la resurrección a una misión que podíamos llamar “terapéutica”, y que tiene un campo de aplicación mucho más amplio que el de curar las enfermedades del organismo, aunque éstas las primeras de todas. Siempre podemos hacer algo o mucho por los que padecen dolencias. Pero también están “enfermas” –aunque en otro sentido– las familias, las iglesias, las escuelas, las empresas, los sindicatos, los parlamentos, los clubes deportivos, las comunidades religiosas, los ayuntamientos, los Estados, los bancos. También está “enferma” nuestra sociedad de consumo, que deja a muchas personas sin lo mínimo necesario, mientras que otros nos atiborramos hasta hartarnos; esta sociedad de consumo que se ha erigido en salvadora universal, cuando no es más que un dios cruel para muchos. Está enferma la especie humana, pues el mal nos acecha por todas partes. Los que oigan la voz del Pastor, los que quieran ser testigos de la resurrección tienen tarea. Cada uno verá dónde le sopla el Espíritu para acudir.

 

Baldomero López Carrera