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Poder y servicio.



Domingo vigésimo noveno del
Tiempo Ordinario

Año litúrgico 2005 - 2006 - (Ciclo B)

 

1ª LECTURA (Is 53,10-11)

Lectura del libro del profeta Isaías.

El Señor quiso destrozarlo con padecimientos. Si él ofrece su vida por el pecado, verá descendencia, prolongará sus días, y la voluntad del Señor se cumplirá gracias a él. Después de las penas de su alma, verá la luz y quedará colmado. Por sus sufrimientos mi siervo justificará a muchos y cargará sobre sí las iniquidades de ellos.

 

SALMO RESPONSORIAL (Sal 33)

La palabra del Señor es eficaz,
y sus obras demuestran su lealtad;
él ama la justicia y el derecho,
la tierra está llena del amor del Señor.
Pero el Señor se cuida de sus fieles,
de los que confían en su misericordia,
para librarlos de la muerte
y sostenerlos en tiempos de hambre.
Nosotros esperamos al Señor,
él es nuestro auxilio y nuestro escudo;
Que tu amor, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.

 

2ª LECTURA (Heb 4,14-16)

Lectura de la carta a los Hebreos.

 

Hermanos: puesto que tenemos un sumo sacerdote extraordinario, que ha penetrado en los cielos, Jesús, el Hijo de Dios, permanezcamos firmes en la fe que profesamos. Pues no tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, ya que fue probado en todo a semejanza nuestra, a excepción del pecado. Acerquémonos, pues, con confianza al trono de la gracia, a fin de obtener misericordia y hallar la gracia del auxilio oportuno.

 

EVANGELIO (Mc 10,35-45)

Lectura del santo Evangelio según San Marcos.

 

En aquel tiempo, Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, se acercaron a Jesús y
dijeron: «Maestro, queremos que hagas lo que te vamos a pedir». Él les dijo: «¿Qué
queréis que haga por vosotros?». Y ellos dijeron: «Que nos sentemos uno a tu derecha y otro a tu izquierda en tu gloria». Jesús les dijo: «¡No sabéis lo que pedís! ¿Podéis beber el cáliz que yo beberé o ser bautizados con el bautismo con que yo seré bautizado?». Ellos contestaron: «¡Podemos!». Jesús les dijo: «Beberéis el cáliz que yo beberé y seréis bautizados con el bautismo con el que yo seré bautizado, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no es cosa mía el concederlo; es para quienes ha sido reservado». Los otros diez, al oír esto, se indignaron contra Santiago y Juan.


Jesús los llamó y les dijo: «Sabéis que los jefes de las naciones las tiranizan y que los grandes las oprimen con su poderío. Entre vosotros no debe ser así, sino que si alguno de vosotros quiere ser grande que sea vuestro servidor, y el que de vosotros quiera ser el primero que sea el servidor de todos; de la misma manera que el hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por todos».

Introducción

Joseph Ratzinger, el actual Papa, se preguntaba, en un libro escrito en el año 1969 y titulado El nuevo pueblo de Dios, cómo los sucesores de los apóstoles llegaron –en la época del cambio constantiniano que trajo consigo la identificación de la Iglesia con la sociedad del occidente cristiano– a considerar como correcto lo contrario de lo que se había dicho a los apóstoles: que no debían convertirse en príncipes de esta sociedad. El Papa veía entonces que se había producido una recaída en lo precristiano, en lo pagano. Y es que el poder, el dominar, es lo más contrario al modo de ser y de obrar de Jesús de Nazaret, que no vino a ser servido sino a servir. Éste es el mensaje que nos ofrece hoy la Palabra de Dios y la interpelación que ella nos hace a los que queremos seguir un estilo de vida cristiano.

Pautas para homilía

En el modelo humano de la sociedad de consumo, los servicios están limitados a unos pocos

Es cierto que las sociedades y las personas ricas del mundo actual disponemos de servicios jamás imaginados hasta ahora. Se dice que el sector de los servicios es el más importante en nuestra cultura. Y así lo es en efecto. Servicios sanitarios, vías y medios de comunicación, escuelas, comercios, empresas, lugares de recreo, viviendas, ciudades, etc. han alcanzado en la actualidad un altísimo nivel de desarrollo. Nuestra seguridad social nos atiende en la enfermedad, en la incapacidad, en el paro y en la vejez. Podemos decir que nos servimos unos a otros más y mejor que nunca en el pasado. A esta afirmación, sin embargo, hay que ponerle un gran pero: que limitamos esta intercomunicación de servicios y de prestaciones sociales sólo a los que habitamos en los pueblos ricos. Millones de personas en nuestro planeta carecen de los servicios mínimos indispensables. La razón es que nuestra forma de vida, nuestra sociedad de consumo exige para sostenerse que haya un número reducido de privilegiados y poderosos –que somos los del mundo rico, aunque ciertamente no todos– frente a una mayoría de esclavos y pobres en el mundo pobre. No sería posible nuestro bienestar si los seis mil millones de personas que vivimos en el planeta consumieran lo que consumimos los ricos, ya que los recursos disponibles en la tierra no dan para ello. Nuestra sociedad es la del dinero, que hoy es el gran instrumento de poder sobre las personas y sobre el resto de los seres.

Un Dios que es Padre de todos quiere que los hombres tengan una actitud de servicio a los demás.

 

Frente a este modelo humano de la sociedad de consumo, Jesús de Nazaret inauguró otro bien distinto. Él mostró, con su vida y con sus palabras, que no había venido a ser servido, sino a servir hasta dar la vida. Tal actitud de servicio no tiene otro fundamento ni otra explicación en Jesús que la del tipo de Dios con el que Él se relaciona: es su Padre–madre, y lo es también de todos los humanos. Por eso, quien quiere identificarse con los planes de este Dios padre-madre de todos los hombres, no le es posible otra actitud que la de perenne e intenso servicio a los que son realmente sus hermanos. Así pues, Jesús nos muestra en primer lugar qué Dios tenemos los humanos, que quiere que los hombres se entreguen en el servicio de unos a otros.


En segundo lugar, Jesús también nos manifiesta su propia calidad como persona: Él, que es el señor y maestro, que no tiene obligación de hacerlo, vivió entre los humanos como el servidor; y lo hizo de forma totalmente voluntaria. ¿Qué modelo humano de los que hoy ocupan las pantallas de televisión o aparecen en las portadas de los periódicos y revistas puede presentar tal categoría humana?


En tercer lugar, Jesús nos muestra cómo hay que servir: si es preciso, hasta la muerte. No en vano, el evangelista Marcos sitúa los episodios narrados en el pasaje de hoy sobre el servicio a los demás inmediatamente después de tres anuncios de la pasión por parte de Jesús. El Maestro ve con antelación su trágico final hasta en sus más mínimos detalles y, sin embargo, esto no le hace apartarse de su decisión, porque acepta obedientemente la entrega a la muerte para cumplir la misión que le ha encargado el Padre. Los discípulos reciben el mensaje claro de que también esto es lo que les espera a ellos, si quieren seguir su ejemplo de servir. Hay que tener en cuenta que cuando se escribe este texto, los hijos del Zebedeo ya habían sufrido el martirio. Por tanto, la respuesta acerca de quién es el mayor, el preferido, conscientemente la sitúa el evangelista en un contexto de servicio, de persecución y sufrimiento. Y así hay que entenderla: a ejemplo del maestro, quien pretenda tener un rango en la comunidad cristiana debe actuar como servidor y esclavo; no debe dejarse llevar por la ambición, sino por la disposición de servicio. Esto es lo distintivo del cristiano. La primera lectura sobre el Siervo de Yavé de Isaías es el trasfondo de todo el mensaje de Marcos al resumir la vida de Jesús en un aspecto determinado: el servicio a los demás hasta la muerte.


En cuarto lugar, en este texto de Marcos, Jesús manifiesta claramente que “servicio” y “poder” son contrarios (“… Al contrario, …). Por eso, a los poderosos siempre les han resultado incómodos y molestos los que han tenido en su vida una actitud de servicio a los demás. Porque tal servicio lleva inmediatamente a ponerse de parte del que sufre y del que padece los efectos del poder, y consecuentemente a criticar a los que ejercen ese poder. Antaño, los poderosos respondían brutalmente encarcelándolos o condenándolos a muerte. Así ocurrió con los profetas de Israel, con Jesús de Nazaret y con los primeros discípulos, entre los que se encontraban los hijos de Zebedeo. Aún sigue sucediendo esto en la actualidad. Se persigue a los críticos con el poder, se practica con ellos el aislamiento y el desprestigio, la infamia y el sarcasmo, la ironía y el ridículo. Ciertamente, un programa nada cómodo para quien, al estilo de Jesús de Nazaret, quiere hacer de su vida un servicio a los demás.

 

Baldomero López Carrera