Estudios y trabajos >Enrique Pérez Ámez

“DEL CORO AL CAÑO”
“Homilías poco ortodoxas y nada sacras. Sin licencia eclesiástica”

 

PRESENTACION

Con mis comentarios de teólogo en paro, de canónigo emérito que un día huyó de honores, boatos eclesiásticos y pompas huecas de catedrales pletóricas de riquezas materiales y vacías de contenidos humanos y divinos; decoradas con artísticos sillones pensados para que los canónigos aposenten en ellos sus orondos y rechonchos culos más que para una reflexión espiritual serena; de quien se ha acercado más a Dios al huir paulatinamente de la Iglesia y roto definitivamente con los asfixiantes aquelarres en que el Opus Dei sumerge, atolondra, esclaviza a sus adeptos…No pretendo hacer de predicador trasnochado. Mis homilías apócrifas y sin licencia eclesiástica intentan traer un poco de aire fresco, una mano tendida a quien la quiera estrechar. Con un guiño socarrón, a veces malicioso, buscaré complicidad para intentar comprender tanta bobaliconería con que los mandamases de lo divino y los opus de todos los tiempos nos han querido enredar, consiguiéndolo en más de una ocasión. Ocultando el verdadero rostro de Dios con prédicas oscurantistas, se ha devaluado al hombre, se le ha desfigurado, se le ha ninguneado.

 

Deseo acercarme al hombre para así descubrir a Dios, al Dios que no oculta su rostro huraño y su gesto amenazador tras las celosías de las iglesias, conventos o catedrales. Dios no se esconde, está en la calle, en los acontecimientos diarios.
Iré dejando con el culo al aire a sacauntos, metemiendos, a cuantos pretenden hablar de Dios con estreñimiento mental, vestidos de antruejo y con verborrea estridente.
Ben Chemaescrivá

 

DEL CORO AL CAÑO. 3.VI.07


Domingo noveno del tiempo ordinario.
Homilía poco ortodoxa y nada sacra. Sin licencia eclesiástica.

El Salmo 8 recogido en la liturgia de este día exclama: “¡Señor Dios nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra”. La grandeza de Dios se da la mano con la dignidad del hombre en medio de la creación. Este salmo se convierte en un himno a Dios creador y al hombre. Dios y hombre parejos, juntos el uno en el otro, sinopsis de lo humano y lo divino; sin distingos de razas, rangos, ritos, culturas y procedencias.

 

“Así pues, quienes mediante la fe hemos sido puestos en camino de salvación, estamos en paz con Dios por medio de nuestro señor Jesucristo” (Romanos 5, 1-5)

Es la propia Iglesia de la que yo recelo y me produce “yuyo”, la que intercala este texto de San pablo en la liturgia de hoy. El hombre está en paz con Dios, está en camino de salvación, pues lucha por descubrir la redención que Cristo le otorgó en cualquier circunstancia de la vida. Los recovecos de la existencia human se convierten en escondites de la presencia de Dios.

 

Terminan las lecturas de hoy con la ilustración del evangelio de San Juan (16, 12-15):”…cuando venga el espíritu de la verdad os iluminará para que podáis entender la verdad completa… Él dirá únicamente lo que ha oído…”


Si ese Espíritu pulula por la Iglesia y la ilumina, ¿dónde ha guardado la Iglesia tanto al Espíritu como a su Verdad?. Si está el Espíritu y su Verdad en el hombre –como lo sitúan las primeras lecturas- ¿por qué la Santa-Madre-Iglesia hace mutis por el foro cuando de contemplar al hombre se trata?

 

El genio y santo de actualidad, el bienaventurado Escrivá de Balaguer, resuelve el tema planteado por la liturgia de hoy con un mandoble o golpe bajo, al hombre, a la libertad y a la verdad. Surco 933: “…libertad que encadena; progreso que devuelve a la selva; ciencia que esconde ignorancia…!ojalá se haga cada día más fuerte tu fanatismo por la fe, única defensa de la única verdad¡” Ni siquiera esta coz escrivaniana propinada en la entrepierna me hacer perder la sonrisa, el optimismo y la paz.
Ben Chemaescrivá

DEL CORO AL CAÑO. 10.VI.07


Domingo décimo del tiempo ordinario.
Homilía poco ortodoxa y nada sacra. Sin licencia eclesiástica.

 

Festividad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo. Contemplo al Cristo que pasa en cada hombre con que me cruzo en el camino; en cada patera cargada de muerte, sudor y sangre; en cada “sin papeles” que con ojos desorbitados recela de los extraños, de las esquinas, de cada noticia que le puede devolver a su hambruna, a los suyos que quizá ya no encuentre. En cada acontecimiento que me topo al hojear la prensa diaria, allí escondido, agazapado, sin hacer ruido, descubro las huellas del paso de la sangre y cuerpo de Jesucristo… Alcanzo a ver que “todo eso” ES EUCARISTÍA.

 

En la primera lectura (Génesis 14,24) se lee: “…sólo acepto lo que comieron mis siervos y la parte que corresponde a los hombres que han venido conmigo…” Es lo único que pide Abraham al rey de Sodoma: “…dame las personas y quédate con los bienes”. ¿Esta disposición de Abraham es la de los prebostes eclesiásticos? ¿Les interesan más las personas que los bienes? ¿Acaso no prevalece y se aprecia a simple vista su usura y avidez terrena? Supongo, hace tiempo que no nos llevamos muy bien, que la Iglesia seguirá sin sonrojarse ni leer el texto que ella misma, en su cinismo, propone en la liturgia de hoy para consideración de los demás, que no la propia: “… la gente lo siguió. Jesús les acogió y estuvo hablándoles del Reino de Dios y curando a los que lo necesitaban… Jesús tomó los cinco panes y los dos peces…comieron todos hasta quedar saciados” (Lucas 9, 11-17)

 

El fundador del Opus, tan al hilo de los acontecimientos humanos y divinos, aconseja ladinamente sobre la Eucaristía (Surco, 688): “…comenzaste con tu visita diaria… No me extraña que me digas: empieza a querer con locura la luz de Sagrario” ¡Pero, santo desposeído de un fraudulento marquesado y subido por la escalera falsa a los altares, Jesús donde de verdad está es con los hambrientos, los enfermos, los desvalidos…!

Ben Chemaescrivá

DEL CORO AL CAÑO. 17.VI.07


Domingo undécimo del tiempo ordinario.
Homilía poco ortodoxa y nada sacra. Sin licencia eclesiástica.


Gálatas 2,16: “Sabemos sin embargo que Dios salva al hombre, no por el cumplimiento de la ley, sino a través de la fe en Jesucristo…” La verdad es que San Pablo, como persona, no me cae excesivamente simpático: cada uno tiene sus ídolos, sus héroes y he de confesar que el autor de la carta a los Gálatas no es precisamente mi tipo. Sin embargo, a él como apóstol, le debo el redescubrir una vez más –como teólogo- el tener la certeza absoluta, olvidándome de maestros agoreros y hechiceros de dogmas, de que Dios salva al hombre sin necesidad del cumplimiento de la ley, de las múltiples imposiciones y cargas que han deslomado a los hombres imponiéndoles la “compra de las distintas bulas dispensatorias” para evitar la estereofonía que formaban al unísono el crujir de tripas y la estrechez mental; para aquietar así las conciencias de los sátrapas afiliados a los sanedrines de todos los tiempos. Benedicto XVI se desgañita anunciando a todos los vientos que el infierno existe y es eterno, mientras luce en los puños de sus camisas gemelos de platino. Vale, venerable anciano… pero ¿no hemos quedado en que Dios ha salvado para siempre al hombre no por el cumplimiento de los mandamientos tiquismiquis que su Iglesia le ha impuesto sino por la fe? “…En efecto, por el cumplimiento de la ley ningún hombre alcanzará la salvación”, remata el testarudo Pablo de Tarso.

 

Lucas 7,44: “…ves a esta mujer? Cuando entré en tu casa no me diste agua para lavarme los pies, pero ella ha bañado mis pies con sus lágrimas y los ha enjugado con sus cabellos. No me diste el beso de la paz, pero ésta, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies. No ungiste con aceite mi cabeza, pero ésta ha ungido mis pies con perfume. Te aseguro que si da tales muestras de amor es que se le han perdonado sus muchos pecados; en cambio, al que se le perdona poco, mostrará poco amor”.

 

Gracias, amigo Lucas, por haber recogido en tu evangelio esta escena. Yo por sentirme gran pecador he encontrado a Dios y su perdón. Como la mujer pecadora camino en paz, pues mi fe, no mis obras y el cumplimiento aburrido, escrupuloso, obsceno de la ley y el “confesar por Pascua florida”, me ha salvado.

 

Como una patada en la entrepierna y un insulto a la inteligencia con resabios arcaicos y rancios, resuena el comentario que el snto fundador del Opus legó a la posteridad en Surco, 407: “…!Mientras no me hagan pecar¡…Medita y aprende: mientras no te hagan pecar” ¿En qué estaría pensado el santo?... Seguramente que tan brillante comentario fue fruto de un calentón y de de la lectura del evangelio de san Lucas.

Ben Chemaescrivá

DEL CORO AL CAÑO. 24.VI.07


Domingo decimosegundo del tiempo ordinario.
Homilía poco ortodoxa y nada sacra. Sin licencia eclesiástica.

 

Juan Bautista practicó masivamente el bautismo en su predicación como signo de acercamiento a Dios, pero insistiendo en la conversión interior: “…no sólo eres mi siervo (Isaías 49,6) sino que te convierto en luz de las naciones. Para que mi salvación llegue hasta los confines de la tierra…” Alguien preguntaba a los “mandamases de lo divino” –se supone que tienen la obligación de ser guardianes de la luz- : “vosotros que decís tener la luz, ¿dónde la habéis puesto? Para vivir en la luz, respirar aire limpio, estar en armonía con uno mismo y con Dios saboreando la salvación interior, necesito huir de los templos repletos de vacías plegarias, saltimbanquis de lo divino y apagavelas profesionales empeñados en dejar a los fieles a oscuras.

 

San Lucas en su evangelio, capítulo primero, muestra el paralelismo entre Juan y Jesús para establecer la supremacía de Jesús sobre Juan, la transición entre el antiguo y el nuevo testamento. Jesús aparece como el cumplimiento y cumplidor de las promesas de salvación que Dios había hecho. Juan prepara, allana el camino del Señor Jesús. No en los allanadores del camino sino en Jesús está la salvación. El hombre está salvado de por siempre. ¿Es la Iglesia de hoy allanadora de caminos o se dedica a poner chinitas, a veces auténticos pedruscos, en cada recoveco donde pueda tropezar el seguidor de Jesús?

 

Las últimas encuestas realizadas sobre la estima que el hombre de la calle tiene de la Iglesia parece que hablan de luces que no alumbran y caminos con demasiados baches.

 

Una vez más acudo a la chispa salvadora del Fundador del Opus, seguramente sus brillantes ideas proyecten algún rayo de luz sobre las tinieblas. Surco 345: “…fieles, con anteojeras muy grandes para no mirar ni saborear personalmente los resultados -las flores, los frutos, la lozanía de la huerta-, bien cierto de la eficacia de nuestra fidelidad”

 

Como en tantas ocasiones, el santo usurpador de marquesazgos, se ha cargado a todos los juanesbautistas y allanadores de caminos. No deseamos “anteojers muy grandes”, queremos luz, taquígrafos y libertad para recorrer con los ojos bien abiertos los diversos caminos de salvación.

Ben Chemaescrivá

 

DEL CORO AL CAÑO. 01.VII.07


Domingo decimotercero del tiempo ordinario.
Homilía poco ortodoxa y nada sacra. Sin licencia eclesiástica.

 

(Génesis 5,1. 13-18) A Pablo hacia el año 55 le llegan noticias de que sus comunidades de Galacia se hallan inmersas en una grave crisis de identidad cristiana. Ya entonces la Iglesia perdió su D.N.I. y sigue sin encontrarlo. Esta crisis está provocada por unos predicadores del evangelio con poca mollera y muy mal leche. Usurpadores de cuanto se ponía a su alcance, desdeñadores de los dones divinos predicados por Pablo. Empecinados en la observancia literal y fiel de la Ley de Moisés, incluso del rito de la circuncisión.

 

Pero la Ley de Moisés cumplida y abolida por Jesús, ya no es aquella la que salva, sino la fe en Jesús. La vocación del hombre es la libertad…”sed imitadores de Dios…haced del amor la norma de vuestra vida… las palabras torpes y conversaciones estúpidas e indecentes… están fuera de lugar…” Qué susto se llevaría el antiguo perseguidor de cristianos si levantara la cabeza y oyera ciertos sermones o leyera los “planfetillos” con los buenos de sus sucesores –obispos- aturullan, amedrentan y atolondran a los incautos fieles mientras mojan el papel impreso con hipócritas lágrimas de cocodrilo… No han leído la carta a los Gálatas, se les hace difícil digerir tan “sabroso pasto”.

 

Una vez mas el evangelista Lucas nos muestra un camino sin pedregales, sin atisbos de pastores sospechosos. En el seguimiento voluntario de Jesús radica el fundamento de la auténtica libertad. Lucas 9, 49-62: “… Maestro, hemos visto a uno expulsar demonios en tu nombre y se lo hemos prohibido, porque no pertenece a nuestro grupo. Jesús les dijo: no se lo prohibáis, el que no está contra vosotros, está de vuestra parte”.
Jesús anda con el hombre por todos los caminos de la tierra. No hay nada que prohibir, sólo sendas a seguir libremente.

 

Aunque de reojo y sin creérmelo del todo, leo la parrafadica que el fundador del Opus dedica a la libertad, en Surco, 231: “Me gusta ese lema: “cada caminante siga su camino”, el que Dios le ha marcado, con fidelidad, con amor, aunque cueste”.


No es esta la forma habitual de actuar del Opus. El tal monseñor nunca oyó hablar de Machado. Se hernió en el esfuerzo que supuso tal pensamiento. Nunca más se rehizo. Lo escojonció todo con su fundación.

Ben Chemaescrivá

 

DEL CORO AL CAÑO. 08.VII.07


Domingo decimocuarto del tiempo ordinario.
Homilía poco ortodoxa y nada sacra. Sin licencia eclesiástica.

 

San pablo en la carta a los Gálatas (6, 14-18) expone de una manera simple, sencilla, asequible a todas las mentes el itinerario de Jesús y sustancia humana. Cada parte del cuerpo del Apóstol lleva resumidas las marcas de Jesús. Jesús, por su parte, resume, aglutina y sintetiza la existencia humana en cada una de las marcas que hizo propias en su caminar por este mundo. Jesús y el hombre se han encontrado ya para siempre, se experimentan, se “palpan”, se “confunden”. Lo que importa, según el Apóstol, no es estar circuncidado o no estarlo, sino el ser una nueva criatura.
¡Qué fácil es la andadura humana de esa “nueva criatura” y qué difícil el manejo de los “tacatás” que los miopes clérigos ponen a disposición del caminante¡.

 

Una vez más el evangelista Lucas escudriña desde la distancia el mensaje de Jesús. Entresaca la palabra “paz” (Lc. 10, 1-12, 17-20): “… cuando entréis en una casa, decid primero: paz a esta casa… quien os escucha a vosotros, a mí me escucha; y el que me rechaza, rechaza al que me ha enviado”.

 

Respiro paz, sosiego, quietud: no he rechazado a Jesús, se me antoja que la sociedad tampoco. Estamos con “el que le ha enviado”. Sólo un nubarrón amenaza con estropear el idilio: la voz de quien se supone deberían hablar de paz siendo portadores de la misma; sin embargo presagian rupturas, catástrofes y pecados por doquier. La Iglesia a su bola, yo a la mía y monseñor Escrivá a la suya. Surco, 851: “…¿Cómo vas a tener paz, si te dejas arrastrar –contra los tirones de la gracia- por esas pasiones, que ni siquiera intentas dominar?”


Cada loco con su tema. Escrivá una vez más desvaría y se refugia en su “cogorzón ególatra”.
Ben Chemaescrivá

DEL CORO AL CAÑO. 15.VII.07


Domingo decimoquinto del tiempo ordinario.
Homilía poco ortodoxa y nada sacra. Sin licencia eclesiástica.

 

Ocurrió hace muchos años. Jueves Santo. Basílica de San Miguel de Madrid. Comienza con la solemnidad habitual la celebración eucarística del día del amor fraterno. Actúa como celebrante y “besa pies” –limpios y perfumados, no de pobres precisamente- un tal Tomás Belda. Estático, parsimonioso, con desprecio olímpico –aunque disimulado- a la feligresía –en su mayoría hermanos suyos en el Opus-. Se me atraganta la perorata lanzada al respetable en formato de homilía. Tengo que salirme de la Basílica. Algún osado me sigue, abandonando el templo. Ese día aborrecí definitivamente al Opus y no volvería a pisar ninguna iglesia. El día de la “caridad”, Dios no podía estar allí.

 

Leo de un recorte prensa: “si el creyente religioso pudiera entender los sermones en nuestras iglesias, automáticamente perdería la fe”. Entendí perfectamente lo que el hijo del aún “non nato santo Escrivá”, dijo. Por eso me fui. Aposentado en el “templo universal” de la naturaleza donde se detecta la presencia de Dios, leo en la liturgia de hoy: “…el precepto que yo te prescribo hoy no es superior a tus fuerzas ni está fuera de tu alcance” (Deuteronomio. 30, 10-14). Me siento reconfortado con la palabra de Dios. Él no querrá que mi vida camine entre vericuetos y abruptos. Todo cuanto pide de mí está al alcance de mis fuerzas.

 

Nuevamente el evangelista Lucas remacha la jugada. Me deja buen sabor de boca y me decido a bucear para descubrir a mi prójimo. “…Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo… Un hombre cayó en manos de unos ladrones, quienes después de despojarlo de cuanto llevaba y golpearle sin piedad le abandonaron… pasaron por allí un levita y sacerdote…se desviaron y pasaron de largo… un samaritano sintió lástima. Se acercó, le vendó las heridas… lo llevó al mesón y cuidó de él… ¿Quién de los tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los salteadores? (Lucas, 10, 25-37)…

 

Los samaritanos no tenían buena prensa entre los meapilas y los mandamases de la sinagoga…pero sintió compasión. La Iglesia no tiene entrañas, no siente compasión. Santa Teresa afirmaba que el infierno estaba enladrillado con coronas de curas y mitras de obispos.

Ben Chemaescrivá

DEL CORO AL CAÑO. 22.VII.07


Domingo decimosexto del tiempo ordinario.
Homilía poco ortodoxa y nada sacra. Sin licencia eclesiástica.

 

La Sagrada Escritura habla de dos hospitalidades, la de ayer y la de hoy. Abraham acoge con gran hospitalidad a los caminantes desconocidos. Las hermanas de Lázaro acogen a Jesús. En ambos casos, primero es escucha al desamparado y harapiento; luego, de acuerdo con sus necesidades, se le sirve. Génesis 18,13: “…mi Señor, por favor, te ruego que no pases sin detenerte con tu siervo. Haré que traigan agua para lavaros los pies, luego descansaréis bajo este árbol.”

Lucas 10, 38-42: “…según iban de camino, Jesús entró en una aldea, y una mujer, llamada Marta, lo recibió en su casa”… Abraham recibe caminantes hambrientos sudorosos. Marta recibe a “todo caminante”, pues Jesús está en todos cuantos tienen la valentía de andar por los distintos senderos de la vida, no importa cuáles sean estos. Para ser recibidos, para charlaar, para exponer necesidades y esperar ser atendidos, es preciso caminar sin anteojeras, sin rotar siempre por el mismo surco; con los ojos bien abiertos, el corazón a flor de piel y la sonrisa en los labios. Podemos llegar en cayucos destartalados, arrastrar culturas diferentes, adorar a distintos dioses, hablar lenguas raras… ¿No debería ser misión de la Iglesia acoger, escuchar, ayudar? Ha pretendido imponer su catecismo olvidando que tiene preferencia el pan.

 

“!De los sacerdotes de Cristo no se ha de hablar más que para alabarlos…¡ Vocea estridente el nº 904 de Surco. El bienaventurado Escrivá, tan beatífico él, tan acartonado y “acarterado” él, olvidó leer la parábola del buen samaritano.
Ben Chemaescrivá

DEL CORO AL CAÑO. 29.VII.07


Domingo decimoséptimo del tiempo ordinario.
Homilía poco ortodoxa y nada sacra. Sin licencia eclesiástica.

 

La oración cristiana tiene valor si está ungida por la fe, por las obras, si es mano extendida, puente que une las orillas de los hombres y hace cercanos, presentes, a los demás en sus necesidades, sus alegrías, sus valores, su trabajo… Un antiguo predicador de la devoción al “rosario” tenía como eslogan: “La familia que reza unida, permanece unida”. Se lució el buen predicador y lumbreras. Conozco demasiadas familias, institutos religiosos, prelaturas personales, pensamientos remilgados y rosarios desparramados por las carreteras de Europa, como presumía el opusdeista Escrivá… ahí, sólo están unidos para rezar; el resto del tiempo lo dedican a zancadillear, criticar, marujear, a fomentar los dimes y diretes descalificadotes e hirientes que más que unir, disgregan; más que “practicar” el amor siembran el odio; más que echar una mano al necesitado, lo hunden.

 

Leo en la carta a los Colosenses (2, 12-14): “…Dios os ha dado vivir junto con Cristo, perdonándoos todos vuestros pecados”. Éste es el motivo de alegría, de comprensión y compasión del hombre. No necesitamos iglesias, ni turiferarios, ni clérigos tahúres de la simonía y fisga braguetas. El hombre, todo hombre, revive junto a Cristo. No son necesarios los confesonarios cuenta chismes, atisba negocios y metomentodo. Cristo ha perdonado ya todos los pecados.

 

Lucas 11, 1-13: …”Cuando oréis decid: padre, santificado sea tu nombre… pues yo os digo: pedid y recibiréis, buscad y entraréis, llamad y os abrirán”.


Para el fundador del Opus la oración consistía esencialmente (Surco, 213): “… ayúdame a pedir una nueva Pentecostés que abrase otra vez la tierra…” Qué afán el de este curilla maño, sobrado de entrecejo y ayuno de ideas, con arrasar, abrasar y devastar todo aquello que no se acoja al “derecho de asilo” de su negra sotana.

 

Me quedo con las lecturas de la liturgia de este domingo. Sé que al llamar padre a Dios, éste me escucha.

Ben Chemaescrivá.

 

DEL CORO AL CAÑO. 05.VIII.07


Domingo decimoctavo del tiempo ordinario.
Homilía poco ortodoxa y nada sacra. Sin licencia eclesiástica.

 

No conviene confiar demasiado en la realidad terrena. Es una consigna permanente y pensamiento obsesivo de la liturgia de hoy. La realidad terrena está ahí, al alcance de la mano: se nos ofrece esplendorosa para ser fecundada, polemizada. Toda ella “sufre dolores de parto” hasta convertirse en una nueva realidad. La acción que el hombre ejerce sobre la realidad terrena la fecunda, la transforma.

 

El autor de la Carta a los Colosenses (3, 1-11) indica el camino a seguir para el cristiano: “…ya que habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la derecha de Dios… despojaos del hombre viejo y sus acciones y revestíos del hombre nuevo… ya no existe distinción entre judíos y no judíos… Cristo es todo con todos”.

La alegría de la resurrección y el canto continuo del aleluya, el encuentro con Cristo, hace que también el hombre se pueda sentar a la derecha de Dios. El hombre viejo de la ira, el rencor, el desprecio, la explotación, la esclavitud, del pensamiento y mando único, de la verdad absoluta e intransigente, ha quedado atrás. A pesar de las miserias y por encima de las grandezas humanas es preciso mirar al prójimo, a la creación entera como seres nuevos en los que encuentra Jesús.

 

Lucas 12, 13-21: “…tened mucho cuidado con toda clase de avaricia, que aunque se nade en la abundancia, la vida no depende de las riquezas”. Reiterada y vehementemente el papa Benedicto XVI ha condenado la avaricia; mientras alargaba sus manos hacia la multitud, dejaba entrever unos inmaculados puños tocados con gemelos de platino. Los obispos “pastorean” apoyados en cayados báculos. De oro; cierto clero se enriquece con el ejercicio de la simonía.

 

En elnº 304 de Surco aparece una “profunda reflexión” salida de la portentosa inteligencia del santo Escrivá:”Los hombres mundanos se afanan para que las almas pierdan cuanto antes a Dios; y luego, para que pierdan el mundo… No aman este mundo nuestro, ¡lo explotan pisoteando a los demás¡”… Pero…buen santo… y por mucho que madrugues para flagelar tus huesos… ¿qué otra cosa hiciste con tus hijos, tanto los presentes como los ausentes – o sea, los que te dieron un corte de mangas? Tus pisotones han producido más que moratones en la entrepierna de los prójimos huidizos… Esto no es evangelio… Me quedo con el buen sabor de boca que me han dejado las lecturas bíblicas.

Ben Chemaescrivá

DEL CORO AL CAÑO. 12.VIII.07


Domingo decimonoveno del tiempo ordinario.
Homilía poco ortodoxa y nada sacra. Sin licencia eclesiástica.

 

Muestran las lecturas bíblicas de este domingo una actitud de espera. La espera no nace de la nada, del rascarse las narices, del abotargamiento, del restriego de los ojos somnolientos al desvelarse de una continua siesta; de la sacudida tibia y perezosa del alma para salir de la modorrera que produce el hecho de que se lo den todo pensado. “Doctores tiene la Santa Madre Iglesia que sabrán responder”, decía el antiguo catecismo de la doctrina cristiana. No se necesitaba el más mínimo esfuerzo para distinguir el “gato por liebre” doctrinal que los avispados jefecillos eclesiásticos preparaban en la trastienda de la cocina de Dios.

 

San pablo en la Carta a los Hebreos ( 11, 1-2…) escribe a unos cristianos que pasan una crisis típica de segunda generación: indolencia y descuido. El escrito es una vibrante llamada a intensificar la fe y la esperanza en Jesucristo. “La fe es el fundamento de lo que se espera y la prueba de lo que no se ve… la fe es la que nos hace comprender que el mundo ha sido formado por la palabra de Dios, de modo que los visible proviene de lo invisible”

 

Ya he dicho alguna vez que en lo personal San Pablo no me cae demasiado simpático. Lo encuentro arrogante, misógino, bravucón y cabezota. Pero en estos párrafos de la Carta a los Hebreos me habla de un Dios cercano al que se llega a través de la fe razonada. Fe y razón: qué dos grandes pilares de apoyo para la humanidad siga siendo cada vez más humana.

 

Lucas en su Evangelio (12, 32-48) nos indica cómo podemos ocupar el tiempo durante la espera: no hay que permanecer ocioso sino activo. La tarea del hombre en el mundo es ingente. “Vended vuestras posesiones y dad limosna…porque donde está vuestro tesoro allí está vuestro corazón”. Durante los dos mil años de vida la Iglesia nos ha mostrado perfectamente dónde está su “tesoro”… pero ¿por qué no muestra su corazón? …¿Será que no lo tiene?

 

En un arrebato de clarividencia mental y cinismo disimulado, el santo Escrivá dice en Surco, 302: “Esta es tu tarea de ciudadano cristiano: contribuir a que el amor y la libertad de Cristo presidan todas las manifestaciones de la vida moderna”.

 

Me temo que fue únicamente un brindis al sol fruto de una enajenación mental pasajera. Para el buen santo cualquier manifestación humana sólo podía estar presidida por una abultada cartera y su omnipresente ombligo. Una vez más me quedo con la pura y dura realidad gozosa de la Biblia… no preciso intermediarios que me den “gato por liebre”.

Ben Chemaescrivá.

DEL CORO AL CAÑO. 19.VIII.07


Domingo vigésimo del tiempo ordinario.
Homilía poco ortodoxa y nada sacra. Sin licencia eclesiástica.

 

La misión de Jesús enseña el camino a seguir. Muestra un camino, invita a recorrerlo en libertad, cada uno “a su aire”, jamás impone. Jesús es tan buena persona, tan buena gente que invita educadamente y respeta las decisiones. Esta actitud no quiere decir que al cristiano no le importe el mundo y cuanto en él sucede. Le importa y mucho, porque es en la mundanidad, en la necesidad, en el descubrimiento de nuevos valores, en la contemplación asimilada de culturas y formas de ser distintas donde se abraza y funde con Dios. Invita San Pablo a los hebreos en la lectura de este domingo (Heb. 14, 1-4): “corramos con constancia en la carrera que se abre ante nosotros, fijos los ojos en Jesús”. ¿En la carrera lacrimosa, desgarradora, rezongona y con cara de pocos amigos que han emprendido quienes se tienen por “portaestandartes” de la Iglesia…dónde habrán puesto los ojos?


Lucas 12, 49-53 me da un pequeño susto. No acierto a comprender del todo el fanatismo, la xenofobia, el odio, la discordia que estas palabras pueden generar: “…he venido a prender fuego a la tierra…¿creéis que he venido a traer la paz a la tierra? Pues no, sino división”… San Lucas es un escritor tardío, escribe su evangelio por los años 80-90 y es muy posible que refleje las divisiones y actitudes encontradas a causa de Jesús. Quizá este texto refleje la situación de la comunidad cristiana en aquel momento. De todas las maneras me da la impresión que Lucas lo que desea es dar un aldabonazo a las conciencias dormidas, a quienes miran para otro lado ante el dolor ajeno, a cuantos ensimismados en su orgulloso “estatus clerical” no permiten el más mínimo ruido que les haga despertar de su somnolencia modorra.

 

Susurra entre lamentos y quejidos lastimeros el autor de Surco (nº 313): “…qué triste cosa es tener una mentalidad cesarista y no comprender la libertad de los demás ciudadanos, en las cosas que Dios ha dejado a juicio de los hombres” ¡Hay que ver, qué bien se explica el santo Escrivá…! Lo malo es que de acuerdo con los frutos que él dejó y la semilla que su obra siembra y cosecha, se desprende una interpretación al pié de la letra de los versículos de San Lucas… Su sabiduría y experiencia vital no les da para más.

Ben Chemaescrivá

DEL CORO AL CAÑO. 19.VIII.07


Domingo vigésimo primero del tiempo ordinario.
Homilía poco ortodoxa y nada sacra. Sin licencia eclesiástica

El plan salvífico de Dios no se limita a unas personas determinadas ni a unos pueblos privilegiados, sino que se dirige a todos los hombres. Me consuela enormemente la liturgia de este domingo. El “Emanuel”, el “Dios con nosotros” no es patrimonio de unos pocos privilegiados, ni exclusivo de meapilas e inteligencias castradas que pululan por las sinagogas e iglesias de todos los tiempos. Dios, el de todos los hombres y el de siempre, tiene un plan salvífico a la medida de cada hombre. Posiblemente lo que más me consuela es saber que Dios tiene un plan salvífico para todos los hombres porque la humanidad entera le tiene cogidas las “medidas” a Dios. No en vano el hombre está creado a su imagen y semejanza y al téermino de la creación vio que todo cuanto había creado estaba bien hecho. Dios se regodea en sí mismo. La naturaleza entera sufre “dolores de parto” en un constante alumbramiento de la divinidad.

 

Salmo 116: “El Señor es benigno y justo, nuestro Dios es todo ternura. El Señor guarda a los sencillos… caminaré en presencia del Señor”. Leo una y otra vez el salmo 116. Se agolpan en mi memoria todos los perseguidos, los afligidos, los tránsfugas sin papeles, los que han perdido la fe en Jesús por haber creído en la Iglesia. Están lejos de mis recuerdos los personajes del “sindicato del hisopo”. Definitivamente “el Señor es benigno y justo…”

 

Me siento un inmigrante más de los que describe Lucas en el capítulo 13, 22-30: “… vendrán muchos de oriente y occidente, del norte y del sur, a sentarse a la mesa en el Reino de Dios”…”

 

Ya están llegando de los cuatro puntos cardinales. Vienen para sentarse en la mesa de Dios. Les veo, les sonrío, les tiendo mi mano, les abro mi corazón. Me gustaría sentarme con ellos. Sólo los marmóreos y descorazonados prebostes de lo divino están en la inopia; no se han enterado; no llega a sus entrañas el “ruido de la marabunta”, pues su sordera se lo impide.

No salgo de mi asombro –aunque ya sé lo que puede dar de sí el cerebro gris del santo Escrivá- al leer en Surco, 960: “Custos, quid de nocte! Centinela, alerta… Esta disposición, al acercarte más a Dios, te empujará a convertir tus jornadas, una tras otra, en días de guardia”. Pero… ¡santo emparedado en el pórtico del Vaticano¡: con tanto centinela ¿cómo podrán llegar a entrar “muchos” desde todos los confines de la tierra?

Ben Chemaescrivá