Estudios y trabajos >Casimiro Bodelón Sánchez

MIEDO E INSEGURIDAD COMO GENERADORES DE CONDUCTAS SECTARIAS Y DESTRUCTIVAS

 

<<El miedo produce conservadores o desesperados>> (J. Mª Mardones)

 

Los animales (racionales e irracionales), casi instintivamente, buscan desde los primeros momentos de su vida la seguridad y, en momentos de especial crisis, la buscan de forma compulsiva. Refiriéndonos ahora a los seres humanos, observamos que tienden a agruparse en clanes, grupos, y en las sociedades más avanzadas, estos grupos o sociedades, se organizan social, política o religiosamente, bajo las llamadas instituciones sociales, políticas y/o religiosas. Estas instituciones se presentan ante los diferentes colectivos como el gran “paraguas protector” que ofrece seguridad y sentido. Cuantos están bajo su ámbito o cobijo, no es que sean todos “creyentes” convencidos de lo que les exige la institución; creyentes-creyentes siempre hay alguno, pero en la gran masa abundan los simples “adeptos” que esperan la protección suficiente, a cambio de las menores exigencias y compromisos. Estas masas ingentes, realmente carecen de voz y voto en la gran organización, siempre gobernada por un grupo elitista que detenta todos los poderes (legitimados –según ellos- porque vienen directamente de la divinidad o por cesión del colectivo ¡!) y marca las directrices de conducta y actuación a la masa; ésta recibe sin asimilarlos, cuantos mensajes provienen del estatus gobernante. A cambio y como “paga”, “están bajo el paraguas protector institucional”, y, a su vez repiten cual oráculos infalibles (cuyo verdadero significado desconoce la mayoría de ellos) los mensajes oficiales emanados de la jerarquía gobernante. De esta forma la gran masa, normalmente incapacitada y poco preparada para pensar por sí misma, deja que “unos pocos” piensen y decidan lo que es justo, verdadero, oportuno, conveniente o interesante, es decir, el mensaje oficial, mensaje al que cada uno de los subordinados, incapaz de pensar por sí mismo y carente de conciencia crítica, se va a aferrar con uñas y dientes por puro fanatismo interesado.

 

Quien carece de proyecto propio, de valores propios, de ideas personales propias, se plantea éste o similar argumento: “Si ellos, que están en lo más alto de la cúpula mando y gobierno, dicen lo que dicen y mandan lo que nos mandan, será porque es lo correcto; pues, ¡sólo faltaba que no fuera así! ¡Sería el caos! Eso es así y se acabó”. Esto es lo que se llama fanatismo interesado, del que los “dema-gogos” (conductores de masas) se aprovechan y sobre cuyas espaldas cabalga.


Cómo mantener este sistema en cualquier institución; sencillamente marginando a los que empiezan a pensar por sí mismos, a cuestionar los mensajes de la cúpula, declarando “tabú” ciertas órdenes o principios, de forma que quien se atreva a cuestionarlas o a criticarlas será expulsado o marginado del colectivo, como si fuera un apestado y un peligro para todo el conjunto. Se les suele etiquetar como “peligrosos iluminados o locos delirantes”, lo cual es suficiente para que la gran masa tenga por lo menos, serias dudas sobre ellos y sobre sus mensajes, cuestionadores de la “bondad” de la doctrina oficial. Los dirigentes trasmitirán la idea de que estos “disidentes” dinamitan los principios y los pilares de la seguridad nacional, institucional, grupal, política, religiosa… etc. Inyectan el miedo, la duda, la inseguridad.

 

Ante el temor, la masa y el individuo reclaman seguridad, porque la tendencia <<psico-social>> es aferrarse a los <<intérpretes claros>> y alejarse de los que hacen pensar y dudar. Las personalidades clarividentes y de convicciones profundas, se convierten en los hombres del momento. Quienes son capaces, o lo intentan, de distinguir exactamente lo blanco de lo negro, obtienen seguidores y fervorosos admiradores. Basta echar una mirada retrospectiva a la historia de la humanidad y vemos cómo y cuándo surgen los dirigentes, los fundadores de órdenes religiosas, los líderes políticos con carisma, y qué sucede con el grupo, la congregación o el partido político cuando decae o muere el líder carismático. Si aparece un sustituto capaz de seguir creando ilusión y dando seguridad, el movimiento se mantiene, de lo contrario, empiezan las disensiones y las luchas por apoderarse de la dirección y… a corto plazo, muerte del sistema y vuelta a empezar la búsqueda de la seguridad.

 

Todo grupo o masa de personas pide a las instituciones que les proporcionen seguridad, que les digan <<lo que hay que hacer, lo que hay que creer, lo que hay que pensar…>>. La duda, la ambigüedad, el tener que inventar la propia respuesta (lo cual se llama responsabilidad), aterra a las masas. Éstas, como afirma P. Ricoeur, piden “que no haya lugar al conflicto de interpretaciones”. Al colectivo humano le gusta vivir sobre la línea recta, pero hay que decir a este colectivo y a cada ser humano que en la vida la línea recta es utopía, ideal; la realidad tiene muchas curvas y contracurvas y la Historia enseña de forma meridiana, para quien sepa leerla e interpretarla (¡una minoría selecta!), que todas las claridades están empañadas y que los grises son los colores predominantes. Por eso los amantes de las éticas claras, simples y sin propensión a la ambigüedad y al pluralismo interpretativo, necesitan abrirse a la Ética de la Esperanza, que no da seguridades de una vez para siempre, ni permite las exégesis únicas. La vida es una curva en permanente zig-zag y la línea recta se percibe como utopía en el infinito.

La Historia de cada persona es la suma de respuestas a las múltiples y plurales coyunturas, situaciones y circunstancias siempre únicas para cada individuo, de ahí mi afirmación de que más que “naturaleza humana” existe la “historia humana”, mi historia, tu historia, todos las historias vividas y vivenciadas dentro de una Ética Esperanzada que intenta acertar, respondiendo a cada individuo concreto y a cada situación. El igualitarismo, las respuestas rígidas, sin “matices”, acaban siendo respuestas que no responden a las personas, sino a los principios, y éstos son “ideales, utopías” hacia los que se debe mirar para orientarse; pero las personas, cada uno de nosotros, somos “realidades-históricas” que, mirando hacia la utopía como dirección, realmente llegamos a donde llegamos. Cada uno donde puede, según sus circunstancias.

 

A las Instituciones, sean del signo que sean, les gustaría que todos obedeciéramos como robots y de la misma forma a las utopías que ellas y sus dirigentes han pensado y han decidido. Si, de verdad, no queremos convertirnos en juguetes al servicio de las instituciones, deberemos mantener la guardia muy alta y saber que los “funcionarios institucionales” van a utilizar para someternos, el miedo, la culpabilización y la inseguridad. Estas tres armas poderosas, usadas con astucia, ponen de rodillas al más firme, si no está advertido y si ha sido educado en la sumisión y en la obediencia ciega. Así nacen y crecen las sociedades o los grupos monocolores, sectarios, donde los mensajes (políticos, religiosos, educativos…) se unidimensionalizan y las instituciones se sectarizan.

 

El mensaje salvador de Jesús: “No tengáis miedo”, es la respuesta a esa conducta aniquiladora y destructiva creada por el miedo y la culpabilización, y, quien usa tales armas para sojuzgar, es el más peligroso y despreciable de los seres humanos.

 

León, 23.04.07

 

Casimiro Bodelón Sánchez, Psicólogo clínico.